Inmunoterapia en dermatitis atópica: qué podemos aprender del diálogo entre humana y veterinaria

¿Qué ha pasado?
El pasado mes de noviembre LETI Pharma celebró una Mesa Redonda de alergia, en ella, dos voces expertas, Laura Ordeix (dermatóloga veterinaria) y María Basagaña (alergóloga humana), pusieron en común cómo se diagnostica, prescribe y monitoriza la inmunoterapia en humanos y en animales. El objetivo: comparar enfoques, identificar límites y extraer aprendizajes útiles para la práctica veterinaria desde una mirada interdisciplinar.
El resultado no fue una receta única, sino algo más valioso: obtuvimos contexto, criterios y preguntas clave para decidir mejor.
¿Por qué importa ahora?
La inmunoterapia vuelve al centro del debate por tres razones claras:
- Más pacientes atópicos y polisensibilizados, tanto humanos como animales.
- Mayor presión regulatoria, que obligará a racionalizar mezclas y composiciones.
- Avances en diagnóstico molecular y biológicos, que elevan el listón de la precisión clínica.
En veterinaria, donde la evidencia es más limitada y el coste recae directamente en el tutor, decidir cuándo y cómo indicar inmunoterapia es más crítico que nunca.
En 5 claves
Clave 1. Diagnóstico: no es solo “qué test”, sino “para qué”
En humana: el prick test sigue siendo la herramienta de inicio gracias a su alta sensibilidad y buena relación coste-beneficio. Se complementa con IgE sérica y, cuando es necesario, con diagnóstico molecular por componentes.
La inmunoterapia solo se indica si existe una relación clara entre la sensibilización detectada y los síntomas clínicos.
En veterinaria: la intradermorreacción implica sedación, costes y consideraciones sobre el bienestar del animal. Las pruebas serológicas son más accesibles, pero requieren interpretación cuidadosa.
En nuestro caso, la evidencia sugiere que la eficacia de la inmunoterapia no varía significativamente según el tipo de prueba utilizada.
Idea clave: ninguna prueba puede diagnosticar alergia por sí sola; detectan sensibilización. La decisión final siempre la dicta la clínica.
Clave 2. El momento de la prueba importa
En humana, las pruebas se hacen fuera del brote alérgico y sin antihistamínicos para asegurar que el prick test refleje la realidad clínica.
En veterinaria, se busca no alejarse demasiado del brote, sobre todo en alergias estacionales, para no perder señal de IgE relevante, cuya presencia en sangre circulante es transitoria.
Clave 3. Menos, es más: seleccionar alérgenos mejora resultados
Un enfoque más selectivo en la elección de alérgenos puede mejorar los resultados de la inmunoterapia.
- En humana, las mezclas suelen limitarse a 1–2 alérgenos clínicamente relevantes.
- En veterinaria, históricamente se han usado mezclas amplias (6–8 o incluso más en algunos países), pero esto puede reducir eficacia.
Sin embargo, Laura Ordeix recalca que también nosotros también deberíamos identificar el alérgeno “mayor” y priorizarlo.
La inmunoterapia no es ideal para pacientes polialérgicos con múltiples desencadenantes clínicos activos; concentrarse en el alérgeno más relevante requiere tiempo y experiencia, pero se traduce en mejores resultados a largo plazo.
Clave 4. La eficacia se mide en clínica, no en laboratorio
- Actualmente no existen biomarcadores validados que permitan evaluar objetivamente la eficacia de la inmunoterapia, ni en humanos ni en animales.
- No se decide continuar o suspender el tratamiento basándose únicamente en niveles de IgE.
- La eficacia se sigue midiendo en reducción de brotes, disminución del prurito y mejora de la calidad de vida.
El desafío futuro es desarrollar biomarcadores fiables que faciliten la toma de decisiones y la comunicación con pacientes y tutores, permitiendo un seguimiento más objetivo del progreso clínico.
Clave 5. Vía de administración y adherencia: una decisión compartida
La eficacia de la inmunoterapia depende tanto del tipo de administración como de la adherencia al tratamiento: Subcutánea vs. sublingual/intraoral: ambas vías muestran una eficacia similar si la adherencia es buena.
En humana, la adherencia depende fundamentalmente del paciente. En veterinaria, la elección depende tanto del paciente como del tutor. En ambas especies, la comunicación previa es crucial: la inmunoterapia no es un tratamiento sintomático inmediato, es un compromiso a medio-largo plazo y requiere una colaboración estrecha con el paciente o el tutor y seguimiento constante.
Mirando al futuro
Dos grandes líneas se perfilan en ambas especies:
- Regulación y estandarización: las normas más estrictas reducirán el uso de mezclas indiscriminadas y favorecerán tratamientos con mayor priorización de alérgenos.
- Búsqueda de biomarcadores y terapias dirigidas: la inmunoterapia avanza hacia una medicina más personalizada, con biológicos específicos y estrategias más selectivas.
En conjunto, estas tendencias apuntan a un enfoque más seguro, eficiente y colaborativo, donde la práctica clínica se enriquece con la evidencia y la experiencia interdisciplinar, beneficiando tanto a pacientes humanos como animales.
La mesa redonda dejó un mensaje claro: la inmunoterapia funciona mejor cuando se indica con criterio, no por descarte. Diagnóstico clínico sólido, selección precisa de alérgenos y una buena conversación con el tutor son tan importantes como el extracto elegido. El futuro pasa por tratar a menos pacientes, pero mejor seleccionados.



